my trip to Pollina

2026

Estoy viajando y el nombre de mi travesía se llama MARIANGELA. Estoy observando que en cada territorio voy desarrollando aspectos existenciales que nutren mi vida, a continuación, comparto algunos:

Argentina: PASIÓN

Estados Unidos: DEFENSA

Sicilia, Italia: “INSIEME” (juntos)

El territorio de Pollina (Sicilia, Italia) participa en mis orígenes,

Mi viaje fue completamente catapultado por este objetivo, reconectar conscientemente con la energía de Pollina: conocer a sus habitantes, participar en su vida diaria, participar de sus actividades, interesarme por sus intereses, conocer sus comidas consumiendo aquellas que me nutren, preguntar por sus gustos, observar, escuchar, dar tiempo y espacio… para que ocurra la magia “el encuentro”.

Recibí el regalo de que mi padre encontrara en uno de sus viajes a nuestros familiares directos italianos. Mi bisabuelo paterno (padre de mi abuela) Salvatore Raimondo, se fue de Pollina, Sicilia (Italia) en su juventud y nunca más regreso. Antes viajar no era tan fácil y mas cuando el dinero era acotado, pero si pudo mantener contacto por correo con su hermano menor que seguía allí. Gratamente pude compartir con mi “nonito” hasta mis 4 años, y aparecí relatada en estas cartas “la nieta nacida en Estados Unidos”…

De mi nono me acuerdo sus piernas largas, su espalda erguida, sus manos grandes con tierra, sus camisas blancas, sus ojos atentos y tranquilos como océano sin viento, su corazón de volcán…

Cuando llegué a Pollina -este micro pueblo construido sobre una roca gigante, con una antigüedad de 2000 años- me crucé automáticamente con estos cuerpos erguidos y fuertes, con la única diferencia de que no eran altos y es probable que mi nonito tampoco, pero lo recordaba con ojos de niña, como un gigante fuerte y manso; cuando le preguntabas cómo era Pollina siempre decía “piu bello, piu bello” y sí…

es muy bello…

sus casas altas que buscan tocar el cielo, sus calles angostas donde pasan solo dos peatones abrazados o un auto pequeño, su aire puro con aroma de océano montañoso, el soplo del viento que circula como laberinto entre las construcciones, sus cienpies, lagartijas y gatos, sus iglesias históricas hoy deshabitadas que concentran historias milenarias, sus bares, su única parada de colectivo, sus mercaditos y única carnicería, su Museo de la Manna (establecimiento guardián de la planta sagrada y orgullo del pueblo), su Plaza del Domo como puntos central de encuentro cotidiano, su teatro griego esculpido en piedra y la Torre Rosa con su culto caminante.

Me conmueve el reconocimiento mutuo que tienen los habitantes: de sus nombres, sus historias de vida y linajes. Diría que es un pueblo de primos, todos parientes

“lo importantes es saludarse” me dijo una señora

“te saludo porque reconozco tu existencia”, es maravilloso

Cuando apenas llegué al pueblo, luego de 3 aviones, 2 trenes y 1 paseo en auto, lo primero que sentí fue un Tsunami de Amor caliente y aborbotonado que me tomaba de todo el cuerpo, me hundía hasta el centro de la tierra y me volaba por los aires. Acompañado de una extraña sensación de que “todos estaban enojados”, que sinceramente me asustó; comparado con mi cultura de origen el timbre de voz pollinesco es muy alto, su tono y actitud muy determinante y dominante, pocas preguntas y muchas declaraciones, muchas polaridades y cero matices, dureza y rudeza, cargado todo esto de una pasión caliente, un romanticismo por la vida y un amor desmesurado por el origen. Lo percibo desde donde estoy parada, desde mi diferencia, una mujer nacida en Estados Unidos y criada en la Patagonia Argentina por dos acuarianos anárquicos libres, que me inculcaron el valor el silencio, la meditación y la diversidad.

Mi nono siempre fue silencioso, pero con mucha presencia, circulada por su jardín laberinto en comunión con las plantas y los pájaros.

La profesión pollinesca (habitantes de Pollina) se caracteriza por ser de agricultores y esto se observa en su forma de habitar el tiempo, se mueven al compás de la tierra, del crecimiento, del clima, de sus pasos. Un pulso bravo y profundo,

caminantes que caminan, avanzan, se detienen, observan, saludan, siguen caminando

Personalmente es lo que más me cautivó de este lugar, la conexión de sus habitantes con el tiempo y es lo que me traje para mi cotidiano, esta sabiduría del “reconocerse presente”.

Mi primo me bajó de un hondazo el globo que me había empezado a crear: “mudarme a este pueblo soñado” comprando una casa histórica en la cima de la roca o haciéndome de una “campagna” un terreno en los alrededores con una casita. Descubrí aquí que con un poco de ahorro podía llegar a comprar y mi cabeza automáticamente comenzó a planificar… No me llevó mucho darme cuenta que, si bien la vida en el pueblo es muy acogedora y tranquila, soy una mujer que necesita de ventanas grandes con luz solar y horizonte… entonces apunté a la campagna, allí mi primo me llevó a recorrer sus terrenos más salvajes, mostrándome lo difícil que es trabajar esta tierra siciliana básicamente vertical y pedregosa con una vegetación dura y espinosa que crece vorazmente.

Esta pinchada de globo al principio me enojó muchísimo, pero enseguida lo pude entender, él me estaba protegiendo… y a su vez reconocí, aún más, el valor de todo su trabajo como agricultor, de todo el tiempo, el dinero, la mente, el aliento, el cuerpo, el corazón y el espíritu que le entrega. Estoy segura que si me deseo hubiera sido genuino hubiera perpetuado, pero no… se transformó, encarrilándose en mí eje,

                sigue relacionado a las plantas, a las naturalezas,

                a mi cuerpo siento uno en la tierra como en el cielo

                desde mi auténtica originalidad.

Me fui de Pollina limpiando a la Virgen,

                Gracias madre por llamarme a conocer esta parte de mi casa,

                Gracias familia por recibirme y nutrirme de amor

Palabras aprendidas en Sicilia que me filosofaron existencialmente:

Disturbar (molestar)

Lasciar (dejar)

Piano piano (paso a paso)

Prima (primero)

Convidere (compartir)

Insieme (juntos)

Ora (ahora)

                Los amo,

Mariangela Mussatti Hernández Raimondo Pérez

(ENGLISH)

I am traveling, and the name of my journey is MARIANGELA. I am observing that in each place I am developing existential aspects that nourish my life. Here are a few:

Argentina: PASSION

United States: DEFENSE

Sicily, Italy: “INSIEME” (together)

The territory of Pollina (Sicily, Italy) is part of my origins.

My trip was completely propelled by this objective: to consciously reconnect with the energy of Pollina—to get to know its inhabitants, participate in their daily lives, take an interest in their interests, learn about their food by eating those dishes that nourish me, ask about their tastes, observe, listen, give time and space… so that the magic of “the encounter” can happen.

I received the gift of my father finding our direct Italian relatives on one of his trips. My paternal great-grandfather (my grandmother’s father), Salvatore Raimondo, left Pollina, Sicily (Italy) in his youth and never returned. Traveling wasn’t so easy back then, especially when money was tight, but he was able to keep in touch by mail with his younger brother who was still there. I was fortunate enough to spend time with my “nonito” until I was four, and I appear in these letters referred to as “the granddaughter born in the United States”…

I remember my grandfather’s long legs, his straight back, his large hands covered in dirt, his white shirts, his attentive and calm eyes like a windless ocean, his heart like a volcano…

When I arrived in Pollina – this micro-village built on a giant rock, with an age of 2800 years – I automatically crossed paths with these upright and strong bodies, with the only difference being that they were not tall and it is likely that my grandson wasn’t either, but I remembered him with the eyes of a child, as a strong and gentle giant;

When you asked Pollina what it was like, they always said “piu bello, piu bello” and yes…

it is very beautiful…

its tall houses that seem to reach for the sky, its narrow streets where only two pedestrians arm in arm or a small car can pass, its pure air with the scent of a mountain ocean, the whisper of the wind that circulates like a labyrinth among the buildings, its centipedes, lizards, and cats, its historic churches, now uninhabited, that hold millennia of history, its bars, its only bus stop, its small markets and only butcher shop, its Manna Museum (the guardian of the sacred plant and the pride of the town), its Dome Square as a central point of daily encounter, its Greek theater sculpted in stone, and the Pink Tower with its pilgrimage.

I am moved by the mutual recognition the inhabitants have: of each other’s names, their life stories, and their lineages. I’d say it’s a town of cousins, everyone’s related.

“The important thing is to greet each other,” a woman told me.

“I greet you because I recognize your existence,” it’s wonderful.

When I first arrived in town, after three planes, two trains, and a car ride, the first thing I felt was a tsunami of hot, gushing love that engulfed my entire body, pulled me to the earth’s core, and lifted me into the air. This was accompanied by a strange feeling that “everyone was angry,” which honestly frightened me. Compared to my culture of origin, the locals’ voices are very high-pitched, their tone and attitude very decisive and dominant, few questions and many declarations, many polarities and zero nuance, harshness and rudeness, all charged with a fiery passion, a romanticism for life, and an overwhelming love for their roots. I perceive it from where I stand, from my difference, a woman born in the United States and raised in Argentine Patagonia by two free-spirited, anarchic Aquarians who instilled in me the value of silence, meditation, diversity and self expression.

My grandfather was always quiet, yet possessed a powerful presence, his labyrinthine garden a place of communion with the plants and birds.

The people of Pollina are farmers, and this is reflected in their way of experiencing time. They move in rhythm with the earth, with growth, with the weather, with their own steps. A bold and profound pulse,

walkers who walk, advance, pause, observe, greet, and continue walking. Personally, this is what captivated me most about this place: the connection of its inhabitants with time. And this is what I’ve brought with me into my daily life—this wisdom of “recognizing oneself as present.”

My cousin brought my dream home with a slingshot: “moving to this dream village” by buying a historic house on top of the rock or acquiring a “campagna,” a plot of land in the surrounding area with a small house. I discovered that with a little saving I could buy something, and my mind automatically started planning… It didn’t take me long to realize that, while village life is very cozy and peaceful, I’m a woman who needs large windows with sunlight and a view of the horizon… so I set my sights on the countryside. There, my cousin took me to explore its wilder terrain, showing me how difficult it is to work this basically vertical and stony Sicilian land with tough, thorny vegetation that grows voraciously.

This bursting of my bubble initially angered me greatly, but I quickly understood; he was protecting me… and at the same time, I recognized, even more, the value of all his work as a farmer, all the time, money, mind, breath, body, heart, and spirit he dedicates to it. I’m sure that if my desire had been genuine, it would have continued, but no… it transformed, finding its way back to my core.

My desire remains connected to plants, to nature… I feel at one with my body, both on earth and in the sky, from my authentic originality.

I left Pollina after cleaning the Virgin Mary statue.

Thank you, Mother, for calling me to know this part of my home.

Thank you, family, for welcoming me and nourishing me with love.

Words learned in Sicily that prompted existential reflection:

Disturb (bother)

Lasciar (leave)

Piano piano (step by step)

Prima (first)

Convidere (share)

Insieme (together)

Ora (now)

I love you,

Mariangela Mussatti Hernández Raimondo Pérez

(ITALIANO)

Sono in viaggio e il nome del mio viaggio è MARIANGELA. Osservo che in ogni luogo sviluppo aspetti esistenziali che nutrono la mia vita. Eccone alcuni:

Argentina: PASSIONE

Stati Uniti: DIFESA

Sicilia, Italia: “INSIEME” (insieme)

Il territorio di Pollina (Sicilia, Italia) fa parte delle mie origini.

Il mio viaggio è stato interamente guidato da questo obiettivo: riconnettermi consapevolmente con l’energia di Pollina, conoscere i suoi abitanti, partecipare alla loro vita quotidiana, interessarmi ai loro interessi, imparare a conoscere la loro cucina assaggiando i piatti che mi nutrono, chiedere dei loro gusti, osservare, ascoltare, dare tempo e spazio… affinché la magia dell'”incontro” possa accadere.

Ho ricevuto il dono di mio padre che ha ritrovato i nostri parenti italiani diretti durante uno dei suoi viaggi. Il mio bisnonno paterno (il padre di mia nonna), Salvatore Raimondo, lasciò Pollina, in Sicilia (Italia) in gioventù e non vi fece mai più ritorno. Viaggiare non era così facile a quei tempi, soprattutto quando i soldi scarseggiavano, ma lei riusciva a tenersi in contatto per posta con il fratello minore che viveva ancora lì. Ho avuto la fortuna di trascorrere del tempo con il mio “nonno” fino all’età di quattro anni, e in queste lettere vengo indicata come “la nipote nata negli Stati Uniti”… Ricordo le gambe lunghe di mio nonno, la schiena dritta, le mani grandi coperte di terra, le sue camicie bianche, i suoi occhi attenti e calmi come un oceano senza vento, il suo cuore come un vulcano…

Quando arrivai a Pollina, questo microvillaggio costruito su una roccia gigantesca vecchia di 2000 anni, incrociai automaticamente il cammino di questi corpi eretti e robusti, con l’unica differenza che non erano alti, ed è probabile che nemmeno mio nipote lo fosse, ma lo ricordavo con gli occhi di un bambino, come un gigante forte e gentile; Quando chiedevi a Pollina com’era, rispondevano sempre “piu bello, piu bello” e sì… è davvero bellissimo…

le sue case alte che sembrano raggiungere il cielo, le sue stradine strette dove possono passare solo due pedoni a braccetto o una piccola auto, la sua aria pura con il profumo di un mare di montagna, il sussurro del vento che circola come un labirinto tra gli edifici, i suoi centopiedi, lucertole e gatti, le sue chiese storiche, ora disabitate, che custodiscono millenni di storia, i suoi bar, la sua unica fermata dell’autobus, i suoi piccoli mercati e l’unica macelleria, il suo Museo della Manna (custode della pianta sacra e orgoglio della città), la sua Piazza del Duomo come punto centrale di incontro quotidiano, il suo teatro greco scolpito nella pietra e la Torre Rosa con il suo pellegrinaggio.

Mi commuove il riconoscimento reciproco degli abitanti: dei nomi, delle storie di vita e delle origini di ognuno. Direi che è una città di cugini, dove tutti sono imparentati.

«L’importante è salutarsi», mi ha detto una donna.

«Ti saluto perché riconosco la tua esistenza», è meraviglioso.

Quando sono arrivata in città, dopo tre aerei, due treni e un viaggio in auto, la prima cosa che ho sentito è stata uno tsunami di amore ardente e travolgente che mi ha avvolto completamente, trascinandomi fino al cuore della terra e sollevandomi in aria. A questo si è accompagnata la strana sensazione che “tutti fossero arrabbiati”, cosa che, onestamente, mi ha spaventata. Rispetto alla mia cultura d’origine, le voci degli abitanti del luogo sono molto acute, il loro tono e il loro atteggiamento molto decisi e dominanti, poche domande e molte affermazioni, molte polarità e nessuna sfumatura, durezza e maleducazione, il tutto carico di una passione ardente, di un romanticismo per la vita e di un amore travolgente per le proprie radici. Lo percepisco dalla mia prospettiva, dalla mia diversità, quella di una donna nata negli Stati Uniti e cresciuta nella Patagonia argentina da due Acquario dallo spirito libero e anarchico che mi hanno trasmesso il valore del silenzio, della meditazione e della diversità.

Mio nonno era sempre silenzioso, eppure possedeva una presenza imponente; il suo giardino labirintico era un luogo di comunione con le piante e gli uccelli.

Gli abitanti di Pollina sono contadini, e questo si riflette nel loro modo di vivere il tempo. Si muovono in armonia con la terra, con la crescita, con le condizioni atmosferiche, con i propri passi. Un ritmo audace e profondo,

camminatori che camminano, avanzano, si fermano, osservano, salutano e continuano a camminare. Personalmente, è questo che mi ha affascinato di più di questo luogo: il legame dei suoi abitanti con il tempo. Ed è questo che ho portato con me nella mia vita quotidiana: questa saggezza di “riconoscersi come presenti”.

Mio cugino ha trasformato il mio sogno in realtà: “trasferirmi in questo borgo da sogno”, comprando una casa storica in cima alla roccia o una “campagna”, un appezzamento di terreno nei dintorni con una casetta. Ho scoperto che con un po’ di risparmi avrei potuto comprare qualcosa, e la mia mente ha iniziato subito a pianificare… Non ci ho messo molto a capire che, sebbene la vita in paese sia molto accogliente e tranquilla, io sono una donna che ha bisogno di grandi finestre con luce naturale e vista sull’orizzonte… così ho puntato gli occhi sulla campagna. Lì, mio ​​cugino mi ha portato a esplorare i suoi terreni più selvaggi, mostrandomi quanto sia difficile lavorare questa terra siciliana, fondamentalmente verticale e sassosa, con una vegetazione dura e spinosa che cresce voracemente.

Questo crollo della mia bolla inizialmente mi ha fatto molto arrabbiare, ma ho capito subito: mi stava proteggendo… e allo stesso tempo, ho riconosciuto, ancora di più, il valore di tutto il suo lavoro di contadino, tutto il tempo, il denaro, la mente, il respiro, il corpo, il cuore e lo spirito che gli dedica. Sono certa che se il mio desiderio fosse stato autentico, sarebbe continuato, ma no… si è trasformato, ritrovando la strada verso la mia essenza.

Rimango legata alle piante, alla natura,

Mi sento tutt’uno con il mio corpo, sia sulla terra che in cielo,

dalla mia autentica originalità.

Ho lasciato Pollina dopo aver pulito la statua della Vergine Maria.

Grazie, Madre, per avermi chiamata a conoscere questa parte della mia casa.

Grazie, famiglia, per avermi accolta e nutrita d’amore.

Parole imparate in Sicilia che mi hanno spinto a una riflessione esistenziale:

Disturbare

Lasciar

Piano piano

Prima

Convidere

Insieme

Ora

Ti amo,

Mariangela Mussatti Hernández Raimondo Pérez

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